Cubo de Rubik

Te paras frente a mí y una pared verde florece en el horizonte. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik que se tejen como estructuras metalicas.

Recuerdo un eclipse etéreo en un pasado vago, brusco e incognoscible. Violento y nostálgico. Un eclipse de angustia y confusión. Y lloro. Y me escuecen las rodillas y un pequeño cable desnudo me electrocuta el corazón. Un prado amarillo y oxidado se yergue a la derecha y recuerdo el dolor. Recuerdo la mortificación. Mi dedo, en automático, barre de mi mejilla una lágrima ya seca y veo el verde y sonrío. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik.

Recuerdo un tornado triste en un pasado inmemorial, lento e interminable. Brumoso y depresivo. Un tornado de anhedonia y reflexión. Y me caigo. Y me zumban los oídos y el aire se vuelve de plomo en mis pulmones. Un mar azul y salado se contonea atrás y recuerdo la aflicción. Recuerdo la pesadumbre. Mis labios, en automático, destuercen una mueca ya frígida y veo el verde y sonrío. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik.

Recuerdo una hoguera bestial en un pasado apasionado, melifluo y extático. Caliente y reconfortante. Una hoguera de amor y sexo. Y sudo. Y se erizan mis cabellos y un crujir potente me hace nacer y me incendia la sangre. Un cielo rojo y amenazador estalla arriba de mí y recuerdo las chispas. Recuerdo la emoción. Mis pies, en automático, arañan el pavimento ya innecesario y veo el verde y sonrío. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik.

Recuerdo una brizna delicada en un pasado infinito, imposible y decrépito. Lejano y esperanzador. Una brizna de inocencia y ternura. Y me siento. Y me tararea el cuello y una calma dulzona convierte mi piel en joven. Una cortina blanca y tranquilizadora se mece a la izquierda y recuerdo la pureza. Recuerdo la liviandad. Mis manos, en automático, relajan el puño ya entumido y sonrío. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik.

Recuerdo un cúmulo mordaz en un pasado lamentable, enjuto y caducifolio. Abstracto e insoportable. Un cúmulo de decepción y traición. Y me enfado. Y me fallan los párpados y una gota ácida me recorre la nariz. Una alfombra naranja y maldita se acuesta bajo mis pies y recuerdo la prodición. Recuerdo la estocada. Mi corazón, en automático, se detiene ya cansado y sonrío. Cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar. La vida es un enorme cubo de Rubik.

Todo mi pasado borroso, mi presente expectante y mi futuro prometedor se arremolinan frente a mí en una retahíla de colores y emociones que se concentra en un centro inamovible y tranquilizador: tus ojos. Te paras frente a mí y te veo y lo sé: una pared verde florece en el horizonte y la veo y lo sé: cada movimiento, cada giro, cada centro y cada esquina se acomodan en su lugar y lo siento y lo sé: tú eres mi cubo de Rubik.